En mi clase ninguna chica tiene tetas todavía. Y que se sepa, sólo a una le viene la regla, la Monserrat, y porque es repetidora. En cambio, todas tienen minifalda y, al parecer, se habían puesto de acuerdo para estrenarla el último día de clase.
Manu borró los mensajes y archivos del móvil para dejar sitio a las fotos que quería hacer: bragas de todas las chicas de clase.
-Mierda, si mis viejos me hubieran regalado el movil 3G que les pedí ahora no tendría que eliminar el vídeo de la colleja al profe de Educación Física.
No se puede tener todo, le dije. Y puse cara de que lo sentía, pero en realidad pensaba “te jodes”, porque a mí mis padres no me dejan tener móvil todavía. En eso soy único en mi clase, como la Monserrat.
- Quiero hacerle una foto a la Raquel. Cuando estemos en la fila tú hablas con ella y yo mientras le saco la foto.
- ¿Te gusta Raquel?
- No, pero le gusta a la mitad de la clase... Les saco dos euros a cada uno por enseñarsela.
- ¿Y yo qué saco?
Manu se lo pensó un rato...
- A ti te dejo ver la foto gratis.
- No me interesa.
- Pues que te den.
Manu se fue corriendo hacia las puertas del colegio. No sé muy bien por qué, pero me da mucha rabia que me digan que te den. ¿Que me den qué?
Así que me planté en la fila y me chivé a Paula de lo que Manu y otros niños querían hacer. La Paula se lo dijo a Vanessa. Vanessa a Xiaomei. Xiaomei a Lorena. Lorena a Mirta. Mirta a Raquel. Y así sucesivamente, hasta que todas las niñas estuvieron informadas en menos de lo que el director tarda en decir "se callen todos, coño".
Por ser el último día se había montado una fiesta en el salón de actos. Con música, globos y patatas fritas. Las maestras no llevaban minifalda pero sí que iban más guapas de lo normal, con los labios pintados y el peinado diferente. Y algunos maestros se habían quitado los pelos del entrecejo. Estaban entretenidos hablando unos con otros y apenas se fijaban en lo que hacíamos los niños. Los de otros cursos bailaban reggeaton y jugaban a empujarse en mitad de la pista.
Nosotros no. Sólo nos mirábamos pero no nos atrevíamos a mezclarnos. Los niños por un lado y las niñas por otro. Un aburrimiento. Ni siquiera nos divertíamos con los de nuestro mismo sexo porque estábamos demasiado pendientes de lo que hacían los del otro. De vez en cuando mirábamos con envidia a las otras clases. Todo el mundo menos nosotros se lo estaba pasando pipa. Hasta los mayores.
Manu estaba cruzado de brazos, con el movil en la mano. Intentaba convencer a los otros.
- Venga, vamos con ellas - decía, desesperado.
- No. Que están muy raras.
Sí que estaban raras, pero creo sólo yo sabía por qué. El resto de niños simplemente olía el peligro y procuraban alejarse de él. Instinto de supervivencia, lo llaman.
Si tengo que ser sincero, la verdad es me sentí un poco orgulloso de mí mismo. No es que me alegre de la gente se quede hecha un muermo, no. Pero joer, creo que algún mérito tiene que tener lo que hice. Yo sólo, con unas pocas palabras, conseguí cambiar los planes de todos los niños de mi clase:
Los que quería hacer fotos cochinas se quedaron sin ellas.
Las que querían enseñar la minifalda se quedaron sentadas en un rincón.
Y los que simplemente se querían divertir, se aburrieron como ostras.
Es como un superpoder y ahora que he descubierto que lo tengo voy a dedicar todo el verano a perfeccionarlo. El curso que viene los tendré a todos comiendo de mi mano.
El Uli


1 comentarios:
Ulises, las chicas de tu clase son unas estrechas y los chicos unos cagaos. Yo que tú me cambiaba de colegio. A uno religioso, a poder ser, que es donde de verdad se cuencen las habas.
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