sábado 28 de junio de 2008
He hecho mi propia Lleté
Mi padre me ha ayudado sólo un poco, casi todo lo he hecho yo. Atención: Hay que poner el ratón encima de cada foto para que aparezca el texto. Empieza en "El zoo...". También podéis pinchar donde pone VER TODAS LAS FOTOS, y entonces las véis todas seguidas con los textos incluídos sin que tengáis que hacer nada.
¡Venga! Haced vosotros una Lleté que es muy divertido.
El Uli
La Jetée (La lleté)
En mi opinión, esta norma de las pelis se la han sacado de la manga para tener un tema nuevo por el que discutir. Es lógico, porque discutir siempre por lo mismo es un aburrimiento. Aún así me he dado cuenta de que los temas que les gustan a mis padres son diferentes a los que les gustan a los padres de los demás.
Por ejemplo, los padres de Andrés siempre discuten por la tele.
Los de Manu por la tele y por las vacaciones.
Los de Oscar por la tele, por las vacaciones y por la secretaria de su viejo.
Y así sucesivamente, dependiendo de que la familia tenga más o menos dinero.
Mis padres, en cambio, discuten porque sus opiniones son super parecidas y les da rabia que no sean iguales del todo. Por ejemplo, mi viejo quiere que mi madre opine que las mejores películas de Woody Allen son las primeras. En cambio, mi madre quiere convencer a mi padre de que es mejor su etapa Bergman.
La película elegida por mis padres ha sido La jetée. Se pronuncia “la lleté” y es la película más rara que he visto en mi vida.
La jetée. 1.
La jetée. 2.
La jetée. 3.
Luego, hemos ido a la página de Slide y hemos hecho nuestra propia Lleté (ver en el siguiente post): Si os digo la verdad, con la víscera en la mano, empieza a divertirme esto de ser un crítico infantil.
lunes 23 de junio de 2008
Mi superpoder contra Manu el paparazzi
En mi clase ninguna chica tiene tetas todavía. Y que se sepa, sólo a una le viene la regla, la Monserrat, y porque es repetidora. En cambio, todas tienen minifalda y, al parecer, se habían puesto de acuerdo para estrenarla el último día de clase.
Manu borró los mensajes y archivos del móvil para dejar sitio a las fotos que quería hacer: bragas de todas las chicas de clase.
-Mierda, si mis viejos me hubieran regalado el movil 3G que les pedí ahora no tendría que eliminar el vídeo de la colleja al profe de Educación Física.
No se puede tener todo, le dije. Y puse cara de que lo sentía, pero en realidad pensaba “te jodes”, porque a mí mis padres no me dejan tener móvil todavía. En eso soy único en mi clase, como la Monserrat.
- Quiero hacerle una foto a la Raquel. Cuando estemos en la fila tú hablas con ella y yo mientras le saco la foto.
- ¿Te gusta Raquel?
- No, pero le gusta a la mitad de la clase... Les saco dos euros a cada uno por enseñarsela.
- ¿Y yo qué saco?
Manu se lo pensó un rato...
- A ti te dejo ver la foto gratis.
- No me interesa.
- Pues que te den.
Manu se fue corriendo hacia las puertas del colegio. No sé muy bien por qué, pero me da mucha rabia que me digan que te den. ¿Que me den qué?
Así que me planté en la fila y me chivé a Paula de lo que Manu y otros niños querían hacer. La Paula se lo dijo a Vanessa. Vanessa a Xiaomei. Xiaomei a Lorena. Lorena a Mirta. Mirta a Raquel. Y así sucesivamente, hasta que todas las niñas estuvieron informadas en menos de lo que el director tarda en decir "se callen todos, coño".
Por ser el último día se había montado una fiesta en el salón de actos. Con música, globos y patatas fritas. Las maestras no llevaban minifalda pero sí que iban más guapas de lo normal, con los labios pintados y el peinado diferente. Y algunos maestros se habían quitado los pelos del entrecejo. Estaban entretenidos hablando unos con otros y apenas se fijaban en lo que hacíamos los niños. Los de otros cursos bailaban reggeaton y jugaban a empujarse en mitad de la pista.
Nosotros no. Sólo nos mirábamos pero no nos atrevíamos a mezclarnos. Los niños por un lado y las niñas por otro. Un aburrimiento. Ni siquiera nos divertíamos con los de nuestro mismo sexo porque estábamos demasiado pendientes de lo que hacían los del otro. De vez en cuando mirábamos con envidia a las otras clases. Todo el mundo menos nosotros se lo estaba pasando pipa. Hasta los mayores.
Manu estaba cruzado de brazos, con el movil en la mano. Intentaba convencer a los otros.
- Venga, vamos con ellas - decía, desesperado.
- No. Que están muy raras.
Sí que estaban raras, pero creo sólo yo sabía por qué. El resto de niños simplemente olía el peligro y procuraban alejarse de él. Instinto de supervivencia, lo llaman.
Si tengo que ser sincero, la verdad es me sentí un poco orgulloso de mí mismo. No es que me alegre de la gente se quede hecha un muermo, no. Pero joer, creo que algún mérito tiene que tener lo que hice. Yo sólo, con unas pocas palabras, conseguí cambiar los planes de todos los niños de mi clase:
Los que quería hacer fotos cochinas se quedaron sin ellas.
Las que querían enseñar la minifalda se quedaron sentadas en un rincón.
Y los que simplemente se querían divertir, se aburrieron como ostras.
Es como un superpoder y ahora que he descubierto que lo tengo voy a dedicar todo el verano a perfeccionarlo. El curso que viene los tendré a todos comiendo de mi mano.
El Uli
viernes 20 de junio de 2008
El imperio de los sentidos (ji,ji)
Otra opción era preguntarle a mi madre por el argumento, pero en este caso habría sido como preguntarle a mi profesora de matemáticas con qué boli se hacen mejores chuletas. O sea, una contradicción, una paradoja, una chorrez.
Bueno Uli, me dije, sólo tienes que ser un poco paciente.
Y estuve toda la tarde y toda la noche siendo paciente. Cuando mis padres se durmieron (uno por dentro de la sábana y otro por fuera, como siempre que se enfadan) me levanté y me encerré con el portátil de mi vieja en el cuarto de baño.Escribí "El imperio de los sentidos" en el google y me salió esta foto:

¡¡O sea, que es una película cochina!! Tiene que serlo. Si esto es lo que hay en el cartel, ¿qué no habrá dentro? Ya le vale a mi padre. Va a ser que mi madre tiene razón y sí que es un poco gilipollas.
Pero es que además me he enterado de que es una película de Japón. Y tiene un título original, de su país, que es (lector, si existes, agárrate los machos)... ji ji...
"Ai no corrida"
Ji, ji.
El Uli
jueves 19 de junio de 2008
Primer encontronazo con la censura
Ah, no, no – le he dicho yo- Santa Rita lo que se da no se quita.
Y en eso mi padre me ha dado la razón. Normal. ¿En qué cabeza cabe dar un regalo y quitarlo al día siguiente? Habría que denunciarla a la Protectora de Menores.
Lo que ha enfadado a mi vieja es que hable aquí de ella. Dice que nadie tiene por qué enterarse de lo que dice de sus amigos, que si son horteras o no. A mí la verdad no me parece para tanto. De todas maneras, intentaré no contar nada más. Pero me va a resultar difícil porque la tengo encima constantemente. Está en esa edad en la que necesita estar pendiente de su hijo todo el rato.
Otra cosa que empieza mal es que no se ponen de acuerdo sobre la próxima película que tengo que ver. Mi padre ha dicho que El imperio de los sentidos y mi madre que por encima de su cadáver. Después han empezado a insultarse. Pero insultos muy raros, no como los del colegio. Hablaban muy rápido así que he estado muy atento y después me he ido corriendo a apuntar las palabras que recordaba. Más o menos así:
Papá: Burguesa
Mamá: Descerebrado
Papá: Moral hipócrita
Mamá: Demagogo
Papá: Sobreprotectora
Mamá: Gilipollas
La discusión la ha ganado mi madre. Pero el juego lo ha perdido ella porque al final ha tenido que utilizar un insulto de los que entiende todo el mundo.
El Uli
miércoles 18 de junio de 2008
La mirada de Ulises
Os tengo que pedir un favor muy grande: no me llaméis Ulises. Lo odio. Prefiero que me llaméis el Uli, como en el cole. Es que no me gusta tener un nombre raro. Mis padres iban a llamarme Ángel, un nombre normal que me habría gustado bastante (a lo mejor me lo pongo cuando sea mayor de edad) pero en el último momento cambiaron de opinión. Y todo fue por una película que les encanta. Se llama La mirada de Ulises y es de Angelopoulos, un director griego.
Aunque me hayan llamado así por su culpa este señor me cae bien porque le pasa un poco lo que a mí: que ha estado a un pelo de llamarse Ángel.
El pobre casi lo consigue - estuvo más cerca que yo, eso hay que reconocérselo- pero se ha quedado en Angelopoulos, que si lo piensas bien es un nombre... no sé, como deforme. Porque oyes “Angelopoulos” y piensas en alguien con una cabeza muy grande o con un culo muy gordo. Ya me imagino las risas en el patio del colegio.
Mis padres es que son muy cinéfilos, o sea, que les gusta mucho las películas. Eso está bien. Parece una suerte, ¿verdad?
Pues no lo es.
Porque nunca me llevan a ver las películas que yo quiero: ni Rambo, ni Shin-Chan ni Indiana Jones. Según ellos, tengo que empezar a educarme el gusto o si no… No sé qué es lo que pasará “si no”. Ellos nunca me lo dicen, pero ponen una cara requetefea. Es la misma cara que ponen cuando hablan de sus amigos y dicen “Fulanito es un hortera” o “Menganito no se da cuenta, pero es un hortera”. Me hago cargo: mis viejos piensan que voy para hortera. Por ejemplo, les parece fatal que me guste el reggaeton y que quiera ver cualquier programa de la tele que presente Enma García (qué guapa es).
En mi casa ser un hortera es lo peor. Supongo que por eso han puesto la nueva norma: todas las semanas tengo que sentarme a ver una película que ellos elijan. Y la primera de todas ha sido, cómo no, La mirada de Ulises. Además, me han regalado este blog para que escriba mi opinión sobre ellas. O sea, que me han puesto deberes. Muchas gracias, papá, mamá. ¿Qué hay de la Play Station 3?
El Uli




