martes 22 de julio de 2008

Sacarse un moco

En un principio pensaba que podía controlar la situación. Lo sentía pegado a mi nariz, más duro que el hojaldre. Haciéndome cosquillas a cada rato. Inspirar, expirar, molestar. Ese es su rollo. Miré a mi aldedor. Mi padre estaba viendo Operación Triunfo. Sí, sí. Mi viejo lo ve. Y para disimular, hace zapping con Documentos TV en La2. Mi vieja chateaba con una amiga en Internet. Ahora que están distraídos me lo puedo sacar sin que me regañen. Un rápido tirón y ¡alehop! Ya está fuera. Dos pasadas rapiditas con las yemas de los dedos y eso se convierte en una bolita fácilmente desechable. Si me apetece, lo aplasto y le doy la forma de platillo volante. O de frisby, ahora que estamos en verano.



Los problemas empezaron en la extracción. Aquello no era tan sólido como pensaba. La parte seca queda atrapada entre las uñas, pero le sigue un cometa viscoso que no acaba de despegarse del orificio nasal. Lo que me molestaba al respirar era tan sólo la cabeza de un iceberg que está más arraigado de lo que pensaba. Así que la situación es ésta: yo, con un trozo de moco en la mano y un hilo baboso que va de dicho moco a mi nariz. Romper el hilo no es tan fácil. Si lo intento con la otra mano al final acabo haciendo una tela de araña con mi propio moco. Termino con todos los dedos pringados y un muñón translúcido asomando por la nariz. En cualquier momento papá o mamá pueden mirarme. Y si lo hacen me obligarán a que me levante del sofá para ir al baño a limpiarme. Esto es lo último que quiero hacer.
Cuando me encuentro en un momento tan crítico como éste los nervios me pueden... ¡Al cuerno con todo! Me paso el brazo por la nariz y lo restriego bien hasta asegurarme de que no queda nada. Después, como hace calor y no llevo pijama parece que un caracol se haya paseado por mi brazo. No hay problema. Se acaba secando. Y el moco está fuera.

El Uli

lunes 21 de julio de 2008

Los siete samuráis

"Todo fuerte tiene su brecha para que el enemigo pueda colarse en la boca del lobo".



Por fin mis padres me ponen una película interesante. No es que las otras no me gusten, pero es que con un título como Los siete samuráis ésta ya me caía bien antes de verla. Además la película es japonesa, igual que Shin Chan.
Eso sí, al principio me pareció poco creíble que los samuráis no dieran saltos voladores como los de Tigre y Dragón, pero mi padre me explicó que en realidad eso es una moda muy nueva, y que en el siglo 20 nadie volaba en las películas, a no ser que fuera un superhéroe. Ahí está el tema: que los samuráis no son superhéroes. Tengo que admitir que yo no tenía muy claro ese concepto antes de ver esta película. Pero ahora lo tengo clarísimo: los samuráis son gente como tú y como yo, pero más chalados. Y no les gusta mucho trabajar. Por lo menos a los de esta película que como vivían en el Japón del siglo 16 sólo tenían dos opciones: o ser campesino o ser samurái. No sé tú, pero yo me pido samurái.

¿Y qué es lo que hace un samurái?

Un samurái es como un policía que sólo te ayuda si le pagas. No es necesario darle cocaína como a los polis de Coslada. Un samurái auténtico se conforma con un plato de arroz.

En esta película de Akira Kurosawa unos campesinos contratan a siete samuráis para protejer a su pueblo de unos bandidos que quieren robarles las cosechas. No todos los samuráis son igual de fuertes. Los hay muy buenos, como éste de la foto, que es mi preferido y que maneja la espada mejor que nadie...

Pero también hay samuráis que no son tan buenos. Son los Pavones del grupo. Meten la pata y les dejan estar un poco por lástima y otro poco por hacer bulto. Yo quiero ser un samurái de los buenos, aunque me he dado cuenta de que esos no son los que más sobreviven.


Y ahora os voy a contar una historia que le pasó a Akira Kurosawa, el director de la película:

Cuando era un niño más o menos de mi edad hubo un terremoto muy grande que estropeó su ciudad y otras de Japón.
Sucedió a la hora del colegio. Para volver a casa Akira y su hermano mayor tuvieron que pasar delante de edificios destruídos y GENTE MUERTA (¡!). A Akira le daba bastante grima la gente muerta (como a mí) y miraba todo el rato hacia el suelo para no tener que ver los cadáveres que estaban a su alrededor. Pero cómo no, ahí estaba el hermano mayor, jodiendo la marrana Y le obligó a no apartar la vista. ¿Para qué? Pues no lo sé. Cosas de hermanos mayores, menos mal que yo no tengo ninguno. Aunque mis padres son muy capaces de inventarse alguna excusa educativa para obligarme a mirar muertos en caso de terremoto.


Y nada más. Ésta ha sido mi crítica de Los siete samuráis. Si no la habéis visto os recomiendo que la veáis, porque es muy entretenida y porque todo el mundo tiene que saber que los samuráis son gente normal y corriente. Tú puedes ser un samurái. Yo voy a ser un samurái.

El Uli

lunes 14 de julio de 2008

Baculum extradentatum (II). Historia de una venganza.


Lo que he contado antes no son más que los antecedentes. Es lo que pasó en Navidad, pero como ya os he dicho, la familia de mi padre nos ha venido a visitar y han ocurrido otras cosas. Una de ellas, que mi madre se ha vuelto loca con la limpieza. Ella, que nunca se ha preocupado demasiado por esas cosas (Eloiza la llama "princesa huevona") en cuanto se enteró de que los abuelos y los tíos iban a aparecer por aquí clavó las rodillas en el suelo y se puso a frotar como una esclava del Calvo Antes Conocido como Mr. Proper. No había quien la parara y encima quería que todos nos volviésemos tan locos como ella. Con Eloiza lo consiguió, porque el miércoles llamó y dijo que se daba de baja por depresión (como no tiene contrato se da las bajas ella misma).

Para el viernes, día en el que llegaron los abuelos y los tíos, la casa estaba más desinfectada que la sala de parto de Doña Letizia. Qué lástima que nadie se acuerde de la mierda cuando ésta no hace acto de presencia. Mi vieja se merecía un aplauso, pero su obra de arte era invisible. Eso sí, al olfato no pasó desapercibida porque en cuanto entró por la puerta mi abuela empezó a toser y agarrarse la garganta, diciendo que se ahogaba con tanto olor a lejía. Hubo que abrir todas las ventanas y mi madre observó con tristeza como una ráfaga de viento esparcía por la casa arenilla de una obra cercana.
También vinieron las cousinas, mis primas catalanas: la cursi mayor, la cursi mediana y la cursi enana. Yo había previsto que me esperaba alguna venganza por el moco navideño pero no sabía hasta qué nivel de malvada sofisticación podían llegar esas cabezas coronadas con lazos. La cursi mayor me extendió algo parecido a una caja:

-Toma, te hemos traído un regalo.

Entonces vi lo que era: un tupper ware lleno de insectos palo. Le habían puesto un lazo, las muy cabronas. Gracias, les dije, porque no quería que disfrutaran viendo el asco que me daba. Mi tío el ingeniero aeronaútico me dio una palmadita en la espalda.

- ¿Has visto Ulises? Son baculum extradentatum. Una especie vietnamita en peligro de extinción. Tienes que cuidarlos mucho.

Son muy caros, comentó mi tía.

Mi madre todavía no se había enterado de qué iba la vaina y se agachó para ver el regalo. Cuando tenía los ojos a cinco centímetros de los insectos palo dio un grito y un salto hacia atrás, pegándome tal susto que se me calló el tupper al suelo. A mi madre le dan mucho repelús los bichos, igual que a mí.

La cursi mayor empezó a hacer pucheros: "Ulises ha matado a los baculum". Pero qué va. Tan sólo estaban un poco mareados. Me acordé de una vez que fuimos todos al parque Güell y casi vomito porque se me posó un saltamontes en el brazo. La cursi mayor estuvo un buen rato riéndose de mí... Seguro que ha sido idea de ella regalarme estos baculum espialidosos.

Mi tío nos explicó cómo cuidar a los insectos palo: necesitan un terrarium. Grande, porque el insecto palo se reproduce muy rápido y ni siquiera les hace falta aparearse para poner huevos. Es decir, que en un mes se triplica la manada. Para alimentarles "basta con una ramita de rosal y otra de zarzamora"(como si fuera tan fácil conseguir ambas cosas).

Mi madre y yo escuchamos las instrucciones en silencio, pero creo que los dos estábamos pensando lo mismo: "en cuanto estos se larguen, suelto los insectos en la obra y que se hagan unos zapatos de cemento". Son cosas que se piensan en el calentón del momento. Pero se piensan y nada más, porque han pasado tres días y aquí siguen los baculum en mi cuarto. Para dormir tengo que meter el tupper en el armario porque si no tengo pesadillas. Y cada vez que los veo me acuerdo de mi prima, la vengativa.

Baculum extradentatum (I). Historia de una venganza.


La semana pasada vinieron de visita los abuelos de Barcelona, es decir, los padres de mi padre. También sus hermanos y unas niñas muy cursis que son mis primas. La casa se revolucionó y por eso no pude escribir ni nada. Todo por culpa de mi madre que cada vez que tiene que vérselas con la familia de mi padre se pone tensa y extraña. Cambia de forma de vestir y hasta intenta hablar con acento catalán, aunque ella es de Madrid. La pobre intenta caerles bien a los tíos y a los abuelos, pero es inútil, porque ellos habrían querido otra mujer para mi padre: quizás una con más pecho y que fuese ingeniero como todos ellos, en vez de fotógrafa. Y es que esa parte de la familia piensa que mis padres son unos hippies, y todo porque una vez les pillaron fumándose un porro cuando eran novios, antes de que yo naciera.

Lo sé porque me lo chivó mi prima, la cursi mayor. Ella ha oído decir a los mayores que mi padre tiene el "talento desaprovechado" porque es profesor de universidad cuando podría haber sido ingeniero, arquitecto o algo mucho mejor. Y que si mi madre no le hubiese "cazado" quedándose embarazada de mí, ahora él ganaría mucho más dinero y estaría toda la familia más contenta, viviendo juntos en el Tibidabo.

De todo esto me enteré la Nochebuena pasada, que fuimos a pasarla a Barcelona. Como mi prima me estaba contando esas cosas para chincharme yo decidí gastarle una broma también: en el momento en el que nos íbamos a sentar toda la familia a cenar le dije al oído que le acababa de pegar un moco en el pelo.

Mi prima se puso a chillar como un cerdo (lo sé porque he visto cerdos en la tele) y a tirarse del pelo como si quisiera quedarse calva. Al principio me hizo mucha gracia pero luego vi que no iba a parar y que cenaríamos tardísimo si seguíamos por ese camino, así que le dije "tranquila, cosina, que era una broma". Pero ella no me creyó o fingió que no me creía para que toda la familia se enfadara conmigo. Y así pasó. Mi prima siguió llorando mientras mi abuela y mi tía le miraban con una lupa el pelo intentando encontrar el moco imaginario, mi abuelo y mi padre me regañaban por turnos, mi madre se ponía colorada de vergüenza y se bebió de un trago dos copas de cava. ¡¡Y mientras la cena enfriándose en la mesa!!


Pero lo peor vino después, cuando me quedé a solas con mi vieja y me dijo lo mal que lo había pasado por mi culpa. Y no lo dijo para echarme la bronca. No, no. Me lo contaba para desahogarse, porque siempre que habla con mi padre de la familia política terminan discutiendo. Así que yo soy el único en quien puede confiar cuando está lejos de sus amigas. Y me lo dijo así: "Ulises, me están pitando los oídos por lo que has hecho esta noche. Dirán que yo tengo la culpa, que soy una mala madre". Sentí una culpa tan grande aplastándome en el pecho que tuve que explicarle que mi prima, la cursi mayor, me había provocado diciéndome esas cosas antes. ¿Qué cosas?, preguntó ella. Y entonces le conté lo del porro y el talento desaprovechado. Y fue peor, porque mi madre se pone muy sensible cuando bebe cava (sólo lo hace en casa de mis abuelos) y a poco que le digas se pone a llorar... Aquella Nochebuena terminamos los dos llorando hasta que nos quedamos dormidos de cansancio.

El Uli.

lunes 7 de julio de 2008

La lleté de Ángela

El otro día dije que os animárais a hacer una Lleté porque es super-super divertido. Ángela, una chica mayor que es guionista y que también tiene un blog, me ha hecho caso... Yo creo que la tengo loca.

Ahí va su Lleté. Veréis qué risa.

(Pinchad donde pone "VER TODAS LAS FOTOS" y así trabajáis menos)






El Uli


p.d: Los robots se han leído mi carta. Les ha dado así como vergüenza y ¡¡¡me han puesto en el Google!!!

viernes 4 de julio de 2008

Carta a unos robots

Queridos Robots del Google,

me ha dicho mi viejo que tienen ustedes que pasar por aquí y apuntarme en su cuaderno para que de una vez por todas aparezca yo en el google. Que sepan ustedes que les estoy esperando. En mi cuarto les he dejado un plato con tuercas y un vaso de aceite para que se sientan cómodos cuando vengan. Sé que su labor es dura: son tantas páginas webs, tantos blogs por apuntar que los tendrán todos acumulados.

En ningún momento voy a pensar que el motivo por el que no aparezca mi blog en el google sea que ustedes estén haciendo otra cosa distinta a su trabajo.



Yo no soy tan malpensado. Sólo soy un niño y hay cosas que ni siquiera puedo concebir (tampoco es que me dejen).

En fin, que si ven que encuentran un hueco entre página y página sería un honor para mí que visitaran este modesto blog. Creo que me estoy portando bastando bien y además, puede que encuentren algún incentivo (ustedes ya me entienden).

Atentamente,

El Uli

p.d: ¿qué les parece un pen-drive de regalo? Está nuevo, mi madre apenas lo había usado antes de que desapareciera.

Mis padres son de una tribu urbana


Me he enterado de que mis padres son de una tribu urbana. :o
¿A que no te lo esperabas? ¡Pues yo tampoco! Ni harto de Nesquik me daría por pensar una cosa así.
Pero ayer estaba jugando a la Play en casa de Miguelito y de repente me lo soltó:

"Tus viejos son gafapasta".

No supe cómo reaccionar. ¿Estaba insultando a mis padres? ¿Por qué? Si acababa de ganarme cuatro partidas seguidas al Gran Turismo... Pero no, Miguelito parecía muy tranquilo, como si acabara de decir "tus padres son de Burgos".

Qué es eso de gafapasta, le pregunté. Él se encogió de hombros.

No sé, me lo ha dicho mi hermano. Creo que es una tribu urbana.
Resulta que el hermano de Miguelito va a la universidad y es alumno de mi padre. Mi viejo es profe de Historia del Cine y tiene muchos alumnos que son sólo un poco más jóvenes que él. Eso es lo que él dice: que se lleva muy pocos años con los universitarios y que cuando va por los pasillos parece un alumno más. Pero yo he echado cuentas y la verdad es que tiene por lo menos quince años más que ellos. Pobre.
Como ni Miguelito ni yo sabíamos lo que era un gafapasta fuimos corriendo al google y lo escribimos allí:
"Dinos qué es un gafapasta"

Al principio no nos aclarábamos. Pero enseguida encontré una foto de Isabel Coixet y me dije ajá, aquí hay una pista.



Isabel Coixet es una directora de cine que a mis padres les encanta. Y claro, ahora ya sé por qué: porque son de la misma tribu urbana. Además, mi padre tiene unas gafas muy parecidas a las de ella, pero en color negro. (Mi madre en cambio, usa lentillas). Quién sabe, a lo mejor se empeñan tanto en educarme el gusto con las películas para que de mayor pueda unirme a su tribu urbana.

A mí esta noticia me provoca sentimientos contradictorios. Por un lado, me molesta que mis padres me hayan ocultado este secreto. Si son de una tribu urbana yo quiero que me lo digan claramente, y no enterarme por otros.

Pero por otro lado, me gusta saber que tienen una doble vida e imaginar que salen por la noche cuando estoy dormido y se juntan con otros gafapastas y van por la calle metiendo miedo a la gente. ¡Mis padres! Con lo aburridos que parecen...


El Uli

martes 1 de julio de 2008

La Unión Europea

Eloiza no es de mi familia pero como si lo fuera. Decir que a mí me quiere como a un hijo es exagerado. Ella ya tiene sus propios hijos: cuatro, dos en Madrid y otros dos en Quito.

No sé si es que no lo puede evitar pero siempre me está comparando con los niños ecuatorianos. "Ulises, a tu edad mi Oswaldito ya se limpiaba los zapatos", "Ulises, tienes más juguetes que todos los niños de mi país juntos", "Ulises, eres un mimado"... así todo el rato.

No lo hace con maldad, pero tampoco se atreve a hacerlo delante de mis viejos. Aprovecha que se van al cine o a cenar con amigos para decirme esas cosas.

A mí me gusta. Sus insultos me hacen cosquillas. De hecho, creo que me he hecho adicto a ellos. Cuando nos quedamos a solas cojo un trapo y me pongo a su lado a limpiar. El otro día estábamos los dos arrodillados frotando en el suelo de la cocina y le dije: "Eloiza, dime cosas feas". Se dio cuenta de que le estoy cogiendo vicio y me cruzó la cara con la ballerina. "¡Degenerado! A los basureros tenías que ir, como los niños de mi país".

También pone verde a mis padres. Le enfurece que mi madre no limpie y que mi padre se gaste tando dinero en deuvedés. Cuando pasa delante la estantería de las películas hace la marca del zorro con el trapo del polvo y dice "eso yo no lo limpio", en voz alta cuando estamos solos y con el pensamiento si están mis viejos.

A mí me encanta escuchar sus críticas a estos padres míos que se creen perfectos. Por eso (y por lo de las cosquillas) me pego a ella todo lo que puedo y apatrullamos la casa de arriba a abajo buscando restos de suciedad.

- Eloiza, ¿has visto como tienen las ventanas del dormitorio? No las han limpiado ni una sola vez.

- Qué barbaridad... y luego se quejarán de la alergia. Venga, vamos a fregotear.

Entre los dos dejamos la casa como los chorros del oro.


Hasta ahora le había conocido dos estados de ánimo a Eloiza: furiosa y picajosa. Pero ayer se me apareció una nueva mujer. Una Eloiza melancólica y llorona que no hacía la marca del zorro con el trapo del polvo, sino que se sonaba los mocos con él.

-Eloiza, ¿qué te pasa? ¿Te ha dejado tu marido?

- Mucho peor, Ulisito... La Unión Europea, que no nos quiere a los inmigrantes. Nos van a echar. Pero antes, nos encerrarán hasta un año y medio si les viene en gana.

- No estés triste, Eloiza.

Me abracé a su pechera y me puse a llorar sobre ella. Hasta que se dió cuenta de que a eso también le estaba cogiendo vicio y me arreó con el trapo húmedo en la cabeza.

El Uli