Eloiza no es de mi familia pero como si lo fuera. Decir que a mí me quiere como a un hijo es exagerado. Ella ya tiene sus propios hijos: cuatro, dos en Madrid y otros dos en Quito.
No sé si es que no lo puede evitar pero siempre me está comparando con los niños ecuatorianos. "Ulises, a tu edad mi Oswaldito ya se limpiaba los zapatos", "Ulises, tienes más juguetes que todos los niños de mi país juntos", "Ulises, eres un mimado"... así todo el rato.
No lo hace con maldad, pero tampoco se atreve a hacerlo delante de mis viejos. Aprovecha que se van al cine o a cenar con amigos para decirme esas cosas.
A mí me gusta. Sus insultos me hacen cosquillas. De hecho, creo que me he hecho adicto a ellos. Cuando nos quedamos a solas cojo un trapo y me pongo a su lado a limpiar. El otro día estábamos los dos arrodillados frotando en el suelo de la cocina y le dije:
"Eloiza, dime cosas feas". Se dio cuenta de que le estoy cogiendo vicio y me cruzó la cara con la ballerina.
"¡Degenerado! A los basureros tenías que ir, como los niños de mi país".También pone verde a mis padres. Le enfurece que mi madre no limpie y que mi padre se gaste tando dinero en deuvedés. Cuando pasa delante la estantería de las películas hace la marca del zorro con el trapo del polvo y dice "eso yo no lo limpio", en voz alta cuando estamos solos y con el pensamiento si están mis viejos.
A mí me encanta escuchar sus críticas a estos padres míos que se creen perfectos. Por eso (y por lo de las cosquillas) me pego a ella todo lo que puedo y apatrullamos la casa de arriba a abajo buscando restos de suciedad.
- Eloiza, ¿has visto como tienen las ventanas del dormitorio? No las han limpiado ni una sola vez.
- Qué barbaridad... y luego se quejarán de la alergia. Venga, vamos a fregotear.
Entre los dos dejamos la casa como los chorros del oro.

Hasta ahora le había conocido dos estados de ánimo a Eloiza: furiosa y picajosa. Pero ayer se me apareció una nueva mujer. Una Eloiza melancólica y llorona que no hacía la marca del zorro con el trapo del polvo, sino que se sonaba los mocos con él.
-Eloiza, ¿qué te pasa? ¿Te ha dejado tu marido?
- Mucho peor, Ulisito... La Unión Europea, que
no nos quiere a los inmigrantes. Nos van a echar. Pero antes, nos encerrarán hasta un año y medio si les viene en gana.
- No estés triste, Eloiza.
Me abracé a su pechera y me puse a llorar sobre ella. Hasta que se dió cuenta de que a eso también le estaba cogiendo vicio y me arreó con el trapo húmedo en la cabeza.
El Uli