
Hola a todos. Os preguntáreis dónde he estado todo este tiempo (si no os lo preguntábais, ¡¡¡preguntároslo ahora mismo!!!). Pues os lo diré sin cortapisas: en el rancho de Michael Jackson (no en Neverland, en otro que nadie conoce y por el que no paga impuestos).
Michael y yo nos hemos hecho muy amigos. Resulta que en un viaje a Nueva York con mis padres me estaba aburriendo tanto, tanto, que se me pasó por la cabeza la idea de escaparme. Y cuando una idea se me pasa por la cabeza ya no hay vuelta atrás: tengo que ponerla en práctica. Dice mi padre que este empirismo mío hay que corregirlo urgentemente antes de que llegue a la adolescencia, pero bueno, eso es otra historia. A lo que iba:
Aprovechando que mis padres estaban to lelos mirando una instalación de Pipilotti Risk en el MOMA eché a andar hacia la salida, primero despacito y hacia atrás como un cangrejo, y luego corriendo con todas mis ganas hasta que el museo y las calles de alrededor quedaron muy atrás. Después de pasear un rato ya empezaba a aburrirme otra vez cuando vi a mis viejos montados en la parte de atrás de un coche de policía. Mi madre sacaba medio cuerpo fuera por la ventanilla del coche, gritando mi nombre con la voz afónica y todo el rímmel corrido (y eso que sólo habían pasado 20 minutos desde que les había dejado). Un policía muy gordo la sujetaba por la cintura y tiraba de ella hacia dentro del coche, pero su esfuerzo era inútil porque mi madre se pone muy irracional cuando me da por escaparme. No hay quien la domine. Papá ni siquiera lo intentaba: estaba sentado muy quieto y supongo que abochornado porque todo el mundo en la calle se fijaba en ellos y en el escándalo que estaban montando, así que soportaba el tirón con la cabeza gacha y la cara discretamente oculta bajo el folleto del MOMA.
Como no quería que me descubrieran decidí meterme en la primera limusina que vi. Y así fue como Michael y yo nos encontramos. Al principio me miró con cara de susto. Yo también me sentía cortadillo por verme así de sopetón sentado junto al Rey del Pop, pero como no soporto los silencios incómodos y además tenía como misión escaparme de mis padres, puse en práctica mis conocimientos de inglés.
- Good morning. I am Ulises from Spain. ¡Run! ¡Run!
Creo que se me entendió bien porque la limusina arrancó en el acto. Estuvimos dando vueltas por Nueva York durante un par de horas en las que Michael y yo nos sonreíamos mucho, porque lo que es hablar no hablábamos debido a que cuando lo hacíamos no nos entendíamos una mierda, pero bueno, al menos estábamos a gusto los dos repantingados en la parte de atrás, comiendo pipas de calabaza y escupiendo las cáscaras por la ventanilla.
Así hasta que me quedé dormido. Cuando desperté ya no estábamos en la ciudad. Íbamos por una autopista y entre Michael y yo había sentado un niño mulato que hablaba con acento cubano. "¿Qué haces aquí?", le pregunté, con algo de celillos (lo reconozco).
El mulato se encogió de hombros. "No sé, brother, yo estaba en mi calle de Brooklyn cuando se me acercó Michael Jackson y me prometió que me compraría unas Nike si le voy traduciendo todo lo que dices". Siendo así -pensé yo- no pasa nada, ya que el otro niño está aquí por mí...
Como no quería que me descubrieran decidí meterme en la primera limusina que vi. Y así fue como Michael y yo nos encontramos. Al principio me miró con cara de susto. Yo también me sentía cortadillo por verme así de sopetón sentado junto al Rey del Pop, pero como no soporto los silencios incómodos y además tenía como misión escaparme de mis padres, puse en práctica mis conocimientos de inglés.
- Good morning. I am Ulises from Spain. ¡Run! ¡Run!
Creo que se me entendió bien porque la limusina arrancó en el acto. Estuvimos dando vueltas por Nueva York durante un par de horas en las que Michael y yo nos sonreíamos mucho, porque lo que es hablar no hablábamos debido a que cuando lo hacíamos no nos entendíamos una mierda, pero bueno, al menos estábamos a gusto los dos repantingados en la parte de atrás, comiendo pipas de calabaza y escupiendo las cáscaras por la ventanilla.
Así hasta que me quedé dormido. Cuando desperté ya no estábamos en la ciudad. Íbamos por una autopista y entre Michael y yo había sentado un niño mulato que hablaba con acento cubano. "¿Qué haces aquí?", le pregunté, con algo de celillos (lo reconozco).
El mulato se encogió de hombros. "No sé, brother, yo estaba en mi calle de Brooklyn cuando se me acercó Michael Jackson y me prometió que me compraría unas Nike si le voy traduciendo todo lo que dices". Siendo así -pensé yo- no pasa nada, ya que el otro niño está aquí por mí...
"Bueno, pues pregúntale que donde vamos".
El niño mulato se puso a hablar en inglés con Michael Jackson y luego me explicó que íbamos a su rancho, que iba a ser un viaje largo pero que no me preocupara porque íbamos a parar cada 100 kilómetros en un restaurante de la cadena McDonald's. Al parecer existe un viejo dicho estadounidense que afirma que un gordo puede cruzar América corriendo de McDonald's en McDonald's y sin adelgazar un sólo kilo.
Pensando en gordos me acordé del policía que sujetaba a mi madre y me sentí algo nostálgico. "¿Qué estará haciendo ahora ella?". Como Michael es un artista y una persona sensible notó que algo me preocupaba y para divertirme se puso a hacer caras raras. Lo malo es que las caras raras de Michael Jackson son tan raras de verdad (como cuadros de Francis Bacon) que el niño mulato y yo nos asustamos, empezamos a llorar y no paramos hasta que Michael cogió una bolsa de Tiffany's y se la puso en la cabeza (hubo unos intentos anteriores con bolsas del Día y del Bershka, pero no funcionaron). Ya estando todos un poco más tranquilos Michael decidió entretenernos contándonos la historia de su vida, que es la que os resumo aquí:
Michael Jackson de pequeño era como yo: el más listo, el más guapo, el que tenía más chispa. Al principio no querían dejarle cantar con su padre y sus hermanos, porque era demasiado cani. Para que dejase de molestar le daban un tambor de Dixán y el mando de la tele (que como eran los años 70, imaginaros qué tamaño tendría) y el pobre criajo se imaginaba que tocaba la batería. Bum-bum, bum-bum, mientras los mayores ensayaban pasos de baile en la habitación de al lado.
Era relativamente feliz y esperaba con ilusión el comienzo del 2º curso de primaria, donde, como todos los niños saben, te dejan usar el punzón en la clase de trabajos manuales. Entonces sucedió algo que cambió su vida por primera vez: su madre le oyó cantar la sintonía de un famoso anuncio de Colacao ("yo soy aquel negrito del África tropical..." ) y lo hacía con tal delicadeza y gusto musical, tan jodidamente bien, que parecía increíble que tuviera sólo cuatro años. Su padre no lo dudó. Se llevó aparte a Jemaine, el hermano mayor de Michael y hasta entonces solista del grupo, y le dió un guantazo que le puso de perfil.
- Padre, ¿por qué me pegas? - preguntó el pobre Jemaine.
- Esto es para que te duela menos lo que te voy a decir: hijo, ya no vas a cantar más en el grupo... Bueno, sí cantarás, pero sólo para hacerle los coros a tu hermano Michael.
Y así pasó que Michael se convirtió en la estrella del grupo, y que los Jackson Five alcanzaron gran éxito y popularidad como todo el mundo sabe aquí y en la China popular. Después Michael Jackson empezó una carrera en solitario y tuvo su primer Grammy con la canción Don't stop 'til you get enough que a la traducción viene significando "Cogemelo tó hasta que ya no puedas más" y que es sin duda mi favorita de todas las de Michael.
De ahí para arriba. Hasta que en el año 2001 se peleó con la casa que le producía los discos (Sony) y perdió todo interés por la música, el baile y los vídeos musicales. Fin de la historia.
El niño mulato se puso a hablar en inglés con Michael Jackson y luego me explicó que íbamos a su rancho, que iba a ser un viaje largo pero que no me preocupara porque íbamos a parar cada 100 kilómetros en un restaurante de la cadena McDonald's. Al parecer existe un viejo dicho estadounidense que afirma que un gordo puede cruzar América corriendo de McDonald's en McDonald's y sin adelgazar un sólo kilo.
Pensando en gordos me acordé del policía que sujetaba a mi madre y me sentí algo nostálgico. "¿Qué estará haciendo ahora ella?". Como Michael es un artista y una persona sensible notó que algo me preocupaba y para divertirme se puso a hacer caras raras. Lo malo es que las caras raras de Michael Jackson son tan raras de verdad (como cuadros de Francis Bacon) que el niño mulato y yo nos asustamos, empezamos a llorar y no paramos hasta que Michael cogió una bolsa de Tiffany's y se la puso en la cabeza (hubo unos intentos anteriores con bolsas del Día y del Bershka, pero no funcionaron). Ya estando todos un poco más tranquilos Michael decidió entretenernos contándonos la historia de su vida, que es la que os resumo aquí:
Michael Jackson de pequeño era como yo: el más listo, el más guapo, el que tenía más chispa. Al principio no querían dejarle cantar con su padre y sus hermanos, porque era demasiado cani. Para que dejase de molestar le daban un tambor de Dixán y el mando de la tele (que como eran los años 70, imaginaros qué tamaño tendría) y el pobre criajo se imaginaba que tocaba la batería. Bum-bum, bum-bum, mientras los mayores ensayaban pasos de baile en la habitación de al lado.
Era relativamente feliz y esperaba con ilusión el comienzo del 2º curso de primaria, donde, como todos los niños saben, te dejan usar el punzón en la clase de trabajos manuales. Entonces sucedió algo que cambió su vida por primera vez: su madre le oyó cantar la sintonía de un famoso anuncio de Colacao ("yo soy aquel negrito del África tropical..." ) y lo hacía con tal delicadeza y gusto musical, tan jodidamente bien, que parecía increíble que tuviera sólo cuatro años. Su padre no lo dudó. Se llevó aparte a Jemaine, el hermano mayor de Michael y hasta entonces solista del grupo, y le dió un guantazo que le puso de perfil.
- Padre, ¿por qué me pegas? - preguntó el pobre Jemaine.
- Esto es para que te duela menos lo que te voy a decir: hijo, ya no vas a cantar más en el grupo... Bueno, sí cantarás, pero sólo para hacerle los coros a tu hermano Michael.
Y así pasó que Michael se convirtió en la estrella del grupo, y que los Jackson Five alcanzaron gran éxito y popularidad como todo el mundo sabe aquí y en la China popular. Después Michael Jackson empezó una carrera en solitario y tuvo su primer Grammy con la canción Don't stop 'til you get enough que a la traducción viene significando "Cogemelo tó hasta que ya no puedas más" y que es sin duda mi favorita de todas las de Michael.
De ahí para arriba. Hasta que en el año 2001 se peleó con la casa que le producía los discos (Sony) y perdió todo interés por la música, el baile y los vídeos musicales. Fin de la historia.
Cuando Michael terminó de hablar y el mulato de traducir se hizo un tenso silencio en la limusina que sólo yo me atreví a romper: "Pero... ¿no nos va a contar por qué tiene esa cara tan rara? ¿Ni por qué ha cambiado el color de su piel? ¿Ni siquiera nos va a decir si es un pederasta? ... ¿Qué mierda de historia es ésta?".
"Oye, brother, no sé tú, pero yo quiero que me compre unas Nike, así que no andes jodiendo con las pregunticas a ver si se va a enojar".
Después de no sé cuanto tiempo llegamos al rancho de Michael, que es un sitio genial para pasar una temporada escondido si tienes unos padres tan pesados como los míos. La próxima vez se lo pensarán dos veces antes de llevarme al MOMA cuando les haya dejado super claro que yo lo que quiero es ir al museo de cera.
En cuanto a mi relación con Michael Jackson... nos va bien como amigos. Ahora que he vuelvo a España nos enviamos postales (él de Internet no sabe nada, al fin y al cabo, es un viejales) pero tengo que hacerlo a escondidas porque a mis padres no les hace gracia. Además, le han denunciado y eso que yo les he repetido una y otra vez que Michael Jackson no me ha tocado un sólo pelo. Dormíamos en habitaciones separadas (yo en un cuarto y Michael con el mulato en otro) y aunque es cierto que algunas noches me pareció oír entre sueños como alguien intentaba abrir la puerta de mi cuarto, todo esto queda en el terreno del misterio, ya que siempre eché el cerrojo antes de acostarme.
El Uli.


9 comentarios:
JAJJAJA eso si q son unas vacaciones.
¿Por qué corres Ulises?
A mi la que más me gusta es "Wanna be startin' something" que es la que le canta a los críos cuando empieza el cortejo. ¡¡Alerta, Uli!!
Madre mía, ¡no te lo vas a creer! A mi me pasó algo parecido pero con Pajares. También me contó la historia de su familia pero no por qué tiene ahora esa cara ni nada...
Vaya aventuritas, Uli, ha merecido la pena la espera. Pero no te escapes tanto y actualiza más!
(Anda que yo también, quien soy para hablar...)
Mi canción preferida de Michael es "Beat it", un video de pandilleros que arreglan sus diferencias bailando. El mismo argumento que en "bad", pero antes.
con lo mono que era Michael de niño
ACTUALIZA!
Si te pregunta la policía niegalo todo.
Hola, querido Emilio. En mi siguiente post te cuento lo que pienso de la muerte de Michael. Besos!
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